Desde
1987, Siendo un medio peculiar, la señalética ha de conformarse con la utilización de uno sólo de los sentidos: la vista. La vista es el sentido más solicitado en el hombre en movimiento, lo que dificulta llamarle la atención. Demasiado discreta, la señalética no cumple con su propósito; demasiado "exuberante", perjudica la lectura del espacio. La señalética, como medio de comunicación, ha de identificar al emisor y al receptor (quien habla y a quien se dirige). Esto asimilado, se ha de conjugar con el edificio para entregar al receptor los mensajes de recepción, orientación, información e identificación. Como parte integrante del edificio, la señalética se limita a resaltar su organización y su función, respetando a los ocupantes residentes como así también a los ocasionales. Demasiado presente, puede llegar a saturar al residente, demasiado liviana, puede irritar al visitante. Estructuralmente, dependiendo del edificio y, funcionalmente, dependiendo del emisor, la señalética ha de tener la perennidad del objeto arquitectónico y el potencial evolutivo de su contenido orgánico. Demasiado perenne, pronto se vuelve obsoleta, demasiado "volátil", pierde credibilidad. En medio de todas estas contradicciones, la señalética tiene el difícil cometido de encontrar el tono justo, la resonancia exacta, que hará de ella un medio de comunicación perfectamente dominado. Desde 1987, Un soporte
de señalética Para la difusión de sus productos y de su dominio de la señalética,
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